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Cambiar no significa dejar de ser lo que se es

El tiempo es inclemente, los modos y los estilos de vida de los habitantes de las ciudades van cambiando y el siglo XXI ha pisado el acelerador en ese sentido, las ideas disruptivas que se han ido apoderando de nuevas formas de apreciar las cosas y de hacer lo que hasta ahora hacíamos de otra forma.

Los restaurantes ya no son un lugar solo para ir a comer, ahora deben tener un concepto, deben vender más que comida, la decoración es importante, la forma de presentar los platos también, el tipo de personas que van, el lugar en donde están, la forma de atención, la incorporación de la tecnología y lo creativos que son. Como puedes darte cuenta un restaurante que se haga con los principios de hace 50 años, estará lejos de lograr el éxito deseado si no considera los aspectos que hoy demandan los consumidores. Incluso aún siendo un restaurant que se venda como tradicional, deberá tener servicios adaptados a los nuevos medios de pago y otros servicios.

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Cambiar no significa dejar de ser lo que se es

Lo mismo ha ocurrido con los mercados de abastos tradicionales, los grandes centros comerciales y muchos otros productos y servicios. Los consumidores son quienes mandan y son los que permiten el éxito o no de lo que se produzca.

Cuando comenzó la era del marketing, se hacían las cosas y luego se salían a vender, más tarde al aumentar la competencia se producía y hubo que afinar las estrategias de ventas para no quedarse con la producción parada. Después se comenzó a pensar más en lo que demandaban los consumidores y se producía en función de eso, con el pasar de los años y el surgimiento de internet los mercados se fueron hipersegmentando, para llegar a ser muy especializados, la competencia se hizo muy dura y  ahora es una era en la que cada vez hay que conocer las necesidades de los clientes para aliñar nuestros productos para que les sean más atractivos.

En la ciudad de Madrid, por mencionar alguna, puede notarse la realidad que están viviendo en muchas partes del mundo los mercados de abastos tradicionales, ahora su función es cumplida y en mejor manera por supermercados. Los consumidores cuentan con una disposición más adecuada de los productos, se exhiben y se promueven de una manera más atractiva para el consumidor de hoy que desea tener las cosas a la mano, con atractivas ofertas, además de los beneficios que se ofrecen a nivel de ambiente.

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Las plazas se encuentran vacías en un 50% de su capacidad, cada vez más locales o puestos vacíos. Las promesas de políticos apuntan a no dejar perder la tradición que significaba este tipo de negocios. Pero solo puedo decir, ¿La gente dejará de viajar en avión para volver a viajar en barco?, ¿Solo para mantener la tradición de viajar en barco? La respuesta es un enfático no. ¿Qué hicieron los grandes barcos que trasladaban a las personas cuando los aviones se convirtieron en una forma preferida para viajar? La respuesta es que cambiaron su función, se comenzaron a reencuadrar, para poder ofrecer un producto con ventajas, ante la inminente preferencia de los consumidores de viajar en avión, ¿Cómo lo hicieron? Modificaron los barcos y construyeron una ciudad de ensueño dentro de ellos con lujos y divertimento imposibles de ser superados por un avión, así nacieron los cruceros.

Igual les toca a los  mercados de abastos tradicionales, cuando un viajero llega a un país y quiere conocer la autenticidad de su cultura ¿A dónde va? Va al mercadillo de la ciudad, a esos mercados de abastos en donde consigue lo más auténtico le lugar, comprará algunos recuerdos, comerá, escuchará música oriunda del lugar y se sentirá por un momento como alguien de esa ciudad, después de todo ¿Qué fu a buscar ese turista? Si fue a conocer a ese país seguro que quiere llevarse algo más que unas fotos de recuerdo ¿No te parece?